FOTO: Christian Alarcón
Tengo problemas, si tengo problemas, decía la señorita liberal sentada en el piso de su departamento. Como salgo de esto, se preguntaba mientras la canción “Raquel” de Jorge Drexler sonaba de fondo
Mi hija crece a paso acelerado, tiene recién 13 años y ya quiere consumir pastillas anticonceptivas. Yo, que pregoné a los cuatro vientos la libertad absoluta sin asco y sin culpa, yo que le exigí a la muy agrandada que me las pidiera cuando las necesitara (en mi cabeza pensé que eso ocurriría a los 16 años), es decir antes de dejar de arrastrar la bolsa del pan, me complique de pies a cabeza con la petición, y saque cuentas, y me convencí que a esa edad yo era más autónoma, que al menos me iba sola a casa desde el colegio, que la topo ni siquiera se manda esa odisea y ya quiere pastillas. Con la cabeza revuelta, con los pies en la tierra, con la pena escondida, con la culpa atragantada, y si, la culpa de haberla criado tan libre me carcomió de repente, y su padre se enmudece y le exijo que hable con el muy desgraciado, antes era el jona, ahora es un completo enemigo, el muy maldito tiene 17 años y quiere que mi hija de 13 tenga un cuento más allá de los besos con él, maldición le partiría la cara y estuve a punto de hacerlo en mi imaginación cuando le explicaba a modo de inquisición que no pretendiera adelantarle etapas a
Cansada y juro que estoy cansada de pensar cual es la mejor frase, la mejor salida, el mejor argumento para retrasar este paso, pero luego me sacude la realidad, no hay nada que hacer, la chica confía en ti, por eso te pidió pastillas, sabe que en cualquier momento cruzará el umbral y hay que asumirlo…
Bailaremos juntas este tema amada Sofía...

